por Haddamin Moulud Said
Detrás del eufemismo de emigración al muro se esconde un fenómeno social y económico, antes que político, en los Campamentos de Refugiados saharauis que afecta, sobre todo, a los jóvenes. El fenómeno de nuevo cuño afecta, fundamentalmente, a esos jóvenes saharauis, nacidos en los CCRR que por razones estrictamente económicas se marchan a Marruecos.
Mucho antes de que apareciera este fenómeno, la sociedad venía acuñando el término ‘Taiwan’ a las generaciones nacidas en el exilio, como contraposición a las generaciones nacidas y criadas en el Sahara Occidentales y portadoras de los valores tradicionales. El símil procede de la diferencia entre las marcas originales, fundamentalmente de relojes, suizas y sus sucedáneas, falsas, fabricadas en Taiwan. Desgraciadamente, lo que la sociedad civil había catalogado como un nuevo género de hombres y mujeres, la clase política, ni siquiera lo había visto y, por su puesto, no tomó en cuenta ninguna política dirigida especialmente a esos segmentos poblacionales cuyas diferencias con la sociedad tradicional, la sabiduría popular, había etiquetado y estereotipado.
Existe plena unanimidad sobre el motivo real que se esconde detrás de esa migración al muro: el ansia de enriquecimiento. En esto, en lo del ansia de enriquecimiento, quizás, la ciudadanía se muestre algo comprensiva. Lo extraño del caso, lo que no es comprensible, es que ese ansia de enriquecimiento, haga saltar por los aires todo el acervo político e ideológico que el POLISARIO ha ido sembrando desde 1973.
Qué papel juega la familia en esto? ¿Cuáles son las referencias morales, éticas o políticas a las que los padres podrían agarrarse para hacer que sus hijos desistan de la idea de irse a Marruecos? Creo que aquí está la clave.
Que los jóvenes nacidos del útero de la Revolución del 20 de mayo, emigren, por razones económicas, a Marruecos, es una muestra insuperable del fracaso de la clase política saharaui. Quienes, en las fechas actuales, han sustituido al mártir Mahafud Ali Beiba, en sus funciones, tienen un historial impecable para llevar a cabo esa función. Pero si esto no se remedia, probablemente, mañana, tengamos que desechar a más de un candidato porque en su historial consta una mancha tipo emigración al muro.
Y no es difícil remediar este drama. Ciertamente esos jóvenes no han nacido con una predisposición genética al lucro fácil e inmoral. Ha sido la sociedad, la que les ha inculcado ese especial ansia de enriquecimiento. Han sido sus propias experiencias las que les han colocado en esa posición. La necesidad de imitar a los más exitosos de la sociedad, es la que los ha llevado por ese camino de traición y miseria moral. ¿Pero a quién imitan? Imitan, a su manera, a los hijos de lo más granado de la sociedad saharaui del exilio. Ellos se codean con los hijos de las elites políticas de la sociedad, pero se ven marginados de los paraísos a los que sólo se puede acceder mostrando el carné de hijo de tal. En consecuencia, la única manera para frenar esta sangría es la igualdad de oportunidades para todos, sean hijos de dirigentes del POLISARIO o hijos de cualquier vecino. Si la clase política saharaui, dejara de apoderarse de todas las oportunidades para otorgársela a sus hijos y allegados, es altamente seguro que la sangría de jóvenes se vería inmediatamente frenada.
Si el comportamiento de los dirigentes saharauis fuera minimamente ético, los padres de esos jóvenes tendrían miles de razones para hacer desistir a sus hijos de esas ideas, pero como no es así, los padres y vecinos se encuentran desarmados, ideológicamente hablando, para combatir esas traiciones al pueblo saharaui. En efecto, quién puede convencer a su hijo para que se quede en los CCRR, cantándole las bondades del sistema saharaui que otorga oportunidades a todos? Hace ya bastantes años que las oportunidades de trabajo, de estudios, incluso las oportunidades para curarse, hace ya bastantes años, que se han desgajado de la esfera pública para pertenecer a la esfera personal de los dirigentes de turno. Son ellos los que, guiados por criterios aborrecibles, deciden quien trabaja, quien estudia y quién se cura. La masa, privada de toda clase de oportunidades se tiene que arreglárselas como pueda.
Absolutamente todos los dirigentes se aprovechan de los puestos que ocupan para arreglar sus asuntos familiares. También, lo hacemos los que no somos dirigentes. Pero, al menos en nuestro caso, lo hacemos sin valernos de cargo público alguno. Ellos en cambio, recurren a sus cargos, recurren a los contactos (internos y externos) que han tenido durante el ejercicio de sus funciones, para arreglar sus asuntos domésticos. Y eso es, sencillamente, inmoral.
Esa inmoralidad en el ejercicio del poder público, al convertirse en norma generalizada, es el arma perfecta que utilizan los jóvenes para vencer las resistencias del entramado familiar.
Todo esto era previsible. Esto, ciertamente, no es mas que otro estadio de la inversión de valores que desde hace bastantes años viene sufriendo la sociedad saharaui, sin que los poderes públicos hagan nada para remediarlo.
Por todo ello, hoy más que nunca, procede reclamar:
Una sola petición: “Ampliar el círculo de toma de decisiones”
"طلب واحد :" توسيع دائرة صُناع القرار
Haddamin Moulud Said (ibnuabirabiaa@yahoo.es). Valencia (España
21.07.10
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LA EMIGRACIÓN AL MURO