“…a pesar de registrar estos aspectos positivos, también, hay aquí unos retos que han acompañado nuestra situación durante esta etapa…”
Con ‘unos retos’, el Comité de Preparación y Evaluación del pasado XII Congreso se refería, en la introducción de su exposición, a una lista interminable de aspectos negativos a la que el pasado XII Congreso estaba llamado a ofrecer soluciones. Por cuestiones de espacio, no voy a reproducir, aquí, esas cuestiones que, por otra parte, doy por conocidas.
Todos esos retos, el pasado XII Congreso, creyó vencerlos concediendo al Secretario General un inabarcable abanico de competencias. Es tal el volumen y magnitud de las materias donde el Presidente interviene que, por una parte, los ministros se han convertido en meros bedeles y, por otra, los restantes miembros del Secretariado Nacional se han convertido en poco menos que figurantes.
Pero qué razón justifica semejante concentración de poder? Es decir, porqué la ‘intelligentzia’ polisaria optó por centralizar y concentrar todo el poder en una sola figura, en lugar de optar por descentralizar el poder y repartirlo? Sólo hay una razón y se llama crisis de confianza.
Desgraciadamente, hace bastantes años que los saharauis hemos dejado de tener líderes. Tenemos dirigentes, pero no tenemos líderes. Para ser líder no hace falta tener el poder. Basta con tener ideas y tener una conducta que sea un reflejo fiel de esas ideas. Así era El Uali y así eran, también, los líderes del POLISARIO en sus orígenes. No tenían ningún poder, pero consiguieron liderar a las masas, porque tenían un programa político e ideológico y su conducta personal y pública se ajustaba a ese ideario político-ideológico. Ellos eran auténticos líderes.
En cambio, de un tiempo a esta parte, el POLISARIO pasó de crear ideas a administrar recursos (escasos, por cierto). Y, claro, la cualidad del liderazgo se había esfumado, al mismo tiempo que el POLISARIO había dejado de crear ideales, y pasado a administrar los vales para carburantes o los sacos de lentejas para un viaje a Mauritania.
Sin embargo, los congresos siguen siendo la plaza de las ideas, no de los vales de gasolina. Siguen siendo el lugar donde la masa necesita identificarse con unas ideas. Necesita buscar un líder. Y al no encontrarlo, se refugia en la máxima autoridad. Al no existir ya líderes naturales, deja de existir confianza. Y esa crisis de confianza es la que hace que la gente busque, desesperadamente, a alguien en quien delegar toda clase de responsabilidades. En ese estadio, ante el miedo provocado por la escasez de ideas y la ausencia de líderes, lo único que les preocupa es lo que llaman cohesión interna. Algo que creen encontrarlo colocándose, todos, bajo la sombra del mismo dirigente. Da igual que tú seas Ministro o, yo, Subdirector Adjunto de un minúsculo departamento ministerial, porque al final, el Jefe manda en todo. Ciertamente, en 1991, el POLISARIO dejó de ser aquél guerrillero que luchaba por sus ideales y pasó a ser un oscuro (y, a menudo, ineficaz) funcionario repartiendo vales de gasolina o de lentejas.
Un dato explica de forma magistral el sentido de las ideas aquí expuestas. Ese dato es la enorme popularidad, dentro de las bases del POLISARIO, alcanzada por ciertos personajes, por completo, ajenos a nuestra dirección política. Se diga lo que se diga y lo reconozca o no el POLISARIO, los activistas saharauis de las ZZ.OO se han convertido en los auténticos líderes del pueblo saharaui. A ojos de nuestra opinión pública interna, el nombre de Minettu Ali Haidar condensa todo el ideal de libertad saharaui. Desgraciadamente, mencionar a un dirigente de nuestra dirección política, a menudo, huele a corrupción, sino es a vales de gasolina. Ahí radica la diferencia entre un líder y un dirigente.
Aún a riesgo de ser repetitivo voy a poner otro ejemplo por si alguien no ha captado la diferencia entre crear ideas y administrar recursos.
Desde el momento en que Abdelaziz es designado como Secretario General hasta un momento posterior que coincide, más o menos, con el alto el fuego, el Sr. Presidente ha pasado por dos fases. Una primera, en la que nunca le había gustado ejercer el poder, delegándolo en otros personajes. Tan es así que, a menudo, se dice que durante años, quien realmente mandaba no era el Presidente. En aquella etapa inicial de su mandato, Abdelaziz, siempre prefirió seguir la aureola de El Uali. No quería administrar las cuestiones civiles. Siempre quiso ser el guerrillero que había sido y seguir agarrado a su fusil y a sus ideales, delegando toda clase de asuntos en otros poderosos tiburones. Él era el líder y tan bien que lo encarnaba.
Sin embargo, desde 1991 ya no volvió a tocar ni una pistola ni hilvanar una sola idea. Muy pronto pilló el gusto por el ejercicio del poder y en lugar de preocuparse por el último combatiente herido o discutir las mejores ideas, empezó a controlarlo todo, como designar a los alcaldes de las ‘dairas’ o designar al subdelegado adjunto en la última provincia española o firmar una autorización para un visado a Europa. Abandonó el turbante guerrillero y se puso las gafas de culo de vaso propias de un administrador bienes.
Y en esa tarea de controlarlo todo, los imprevistos y las urgencias suelen salpicar de líneas torcidas, errores ortográficos y manchas de tinta a los deberes hechos de prisa y corriendo, como ha quedado patente en las famosas Designaciones de Exteriores de octubre de 2009, más conocidas por algunos como las designaciones de los cuñados.
Es decir, incluso la trayectoria personal de nuestro máximo dirigente es un reflejo fiel de la trayectoria de todo nuestro Movimiento de Liberación Nacional.
Pero que nadie se llame a engaños. Para finales del 2011, tampoco vendrán del cielo los líderes que anhelamos, ni retornará Harun Rachid sobre su caballo blanco. Tendremos, pues, que atenernos a lo que tenemos. Para finales del 2011 habremos hechos no menos de seis congresos, contando desde 1991. Pero jamás de los jamases hemos creado ni una sola idea que alcance la talla de la huelga de Minetu o la batalla de Gdeim Izik o las valientes visitas que los activistas llevan a cabo a nuestros Campamentos, retando abiertamente al enemigo.
Ya se ha dicho, nuestros congresos han dejado de ser el laboratorio donde se crean y se obtienen las ideas y se han convertido en un ‘butig’ donde se pesan los recursos.
Si es así, reconozcámoslo abiertamente. Seamos sinceros con nosotros mismos. Pongamos a los mejores en los puestos de dirección. Inyectemos razón y conocimientos en los puestos de dirección. Concedamos prioridad a la capacidad y al conocimiento académicamente tasado. En fin, en estos tiempos en los que el POLISARIO se dedica a administrar recursos, hagamos uso del enorme capital humano obtenido cuando el POLISARIO se dedicaba a crear ideas.
Haddamin Moulud Said (ibnuabirabiaa@yahoo.es). En Valencia (España), a 7 de enero de 2011--------------Este texto expresa la opinion del autor y no de los moderadores del foro.