24.1.08

DECEPCIÓN POR LA AUSENCIA DE CAMBIOS

por Huneifa ibnu Abi Rabiaa

El éxito del XII Congreso General del F. POLISARIO, celebrado a mediados del mes del ‘Aid’, en Tifariti, ha sido corroborado por las distintas voces que, desde dentro del POLISARIO, mantienen posiciones no demasiado coincidentes con la línea oficial. La exquisitez democrática del XII Congreso, su limpieza y su transparencia electoral han sido sobradamente elogiadas por la totalidad de los asistentes.

No siendo los lectores de arso demasiado indulgentes con quien esto escribe, me perdonarán consumir algo de su tiempo, por la extensión del artículo.

Veamos. Antes del Congreso, las cuestiones que ocupaban los primeros puestos del ranking de preocupaciones de la sociedad eran: La independencia, los cambios y la mejora de la gestión.

Es a todos luces evidente, que un Congreso no puede, a priori, colmar semejantes aspiraciones, en tanto en cuanto, su cometido principal es el de trazar las grandes líneas programáticas del F. POLISARIO y, a caso, designar las personas, que se cree, mejor, puedan encarnar semejante espíritu.

La complejidad misma del sistema de elección de los congresistas y su número, quizás elevado, se aducen a menudo como palancas que frenan la posibilidad de que el resultado final de las votaciones pueda coincidir con el sentido de tales aspiraciones. Esas columnas castrenses, antaño poseedoras de la gloria eterna y hoy venidas a peor fortuna, son señaladas como las mayores reservas de adhesión inquebrantable al poder. Indudablemente, el rechazo a la propuesta presentada por el Presidente, para limitar los mandatos, otorga la virtud del acierto a quienes se quejan, cada vez más, de la profundidad numérica de tales columnas.

Por desgracia, la ausencia de sociólogos a pie de urna o en los lindes orientales de Tifariti, reduce las posibilidades de trabajar, con base en datos empíricos, sobre las variables de la edad, procedencia, sexo y formación de los congresistas y el sentido del voto y su variación en la segunda vuelta.

Pero de lo que no cabe duda es que, en Tifariti, la carga tribal, que en anteriores ocasiones ha venido inclinando el sentido del voto, esta vez ha sido mucho menor. La mera proyección de las proporciones tribales en el espejo de la lista final, no ofrece resultados de los que quepa intuir que el sentimiento tribal haya tenido demasiado peso a la hora de decidir el sentido del voto de los congresistas.

Por otra parte, la enésima reproducción del mismo resultado electoral, unida a la extrema escasez de rostros novedosos, no indica, precisamente, que los cambios y la regeneración tan aclamados a nivel popular, hayan orientado el sentido del voto de nuestros congresistas.

Y, a la luz de los resultados finales, tampoco, parece que el mérito y la capacidad hayan sido determinantes a la hora de votar.

Luego, la pregunta clave es: ¿ Qué es lo que ha orientado el sentido del voto de nuestros hermanos congresistas? A la vista de los resultados de la elección de los miembros del CNS, cabe afirmar que, justo en el momento de rellenar la papeleta electoral, la preocupación fundamental de los congresistas difícilmente pudo haber sido el peso del sentimiento tribal, las ganas de cambiar o la búsqueda del mérito y la capacidad.

Diríase que el miedo a lo desconocido ha sido el hilo fundamental que ha conducido el sentido y resultado final de las votaciones. Es la seguridad que ‘ofrece’ el malo conocido, frente al miedo y la inseguridad que ‘promete’ el bueno por conocer, lo que ha dominado las pulsiones de los congresistas.

Por su parte, la forma de elección de la Dirección Política por la que, primero, se elige al Secretario General y, luego, a los miembros del CNS, tiene también una parte importante de culpa por los exangües resultados obtenidos. En efecto, los congresistas, en su mayoría vinculados orgánicamente al sistema, una vez despejada la incógnita del Secretario General, entienden eso como señal de estabilidad y continuidad, por lo que pensando ya en sus intereses personales, blindan sus privilegios y prebendas votando a los de siempre para abundar aún más si cabe en esa estabilidad y continuidad, garante de sus posiciones.

En definitiva, ha sido el miedo a lo desconocido, por una parte, y el miedo corporativo, por otra, lo que nos ha condenado a soportar esa pesada carga durante los próximos, quiera Dios, sólo tres años.

Llegados a este punto es preciso recordar que la inmensa mayoría de los congresistas, por no decir su totalidad, ha salido contenta del XII Congreso aún a sabiendas del resultado. La limpieza y transparencia de todo el proceso, en Tifariti, y la disciplina a la hora de acatar un resultado genuinamente democrático, han hecho que los congresistas salgan con la cabeza bien en alto y transmitan esa euforia al resto de la sociedad. Y se hayan granjeado, además, la simpatía y reconocimiento de las numerosísimas delegaciones extranjeras invitadas al Congreso.

En cuanto al clamor popular, largamente manifestado que pedía el cambio en los más altos rangos y magistraturas del poder, difícilmente podía encontrar plena satisfacción en el XII Congreso, por la sencilla razón de que son las bases, las profundas bases, del POLISARIO las que soberanamente eligen a los miembros del CNS. Nadie, pues, puede aspirar a que se produzcan cambios de entidad notoria en un proceso cuyo resultado depende de la libérrima voluntad de los congresistas-electores.

Desde el búnker del poder, nunca, se ha exteriorizado ninguna voz que se oponga a ese clamor popular que pedía el cambio y la renovación. Lejos de ello, el Secretario General del F. P., en la sesión inaugural, animó a los congresistas a perder el miedo a la alternancia en el poder y propuso la limitación de los mandatos, en perfecta sintonía con ese clamor popular.

Sin embargo, los hechos posteriores no indican que tales gestos tuvieran detrás una genuina voluntad política para satisfacer las aspiraciones de cambio.

Es preciso recordar, en este punto, cuáles son los términos de la ecuación: La situación actual no resulta del agrado de nadie. Nadie defiende que se mantengan las cosas tal y como están. Todos piden cambios. Ese cambio, indefectiblemente, debe operar un cambio en la ‘nomenklatura’ del poder. Ningún miembro de la actual dirección puede ya aspirar a aparecer, ante la opinión pública, como encarnación del espíritu del cambio. Estos son los términos de la ecuación.

De ahí la necesidad inapelable de traer rostros nuevos, de recambiar las piezas. Se diga lo que se diga, las piezas actuales están tan roídas que ya no ofrecen más de sí. ¿ Qué aires de cambio puede ofrecer cualquiera de ellos cuando ya ha pasado, como ministro, por todas las carteras posibles?

Por eso, la inicial euforia poscongresual, se ha convertido, posteriormente, en decepción y resignación en el momento de la designación del nuevo Gobierno y los cambios consiguientes operados en la Administración.

Esa designación demuestra que los hechos no se corresponden con las palabras. Antes y durante el Congreso se decía una cosa y, una vez superado el bache, se hace otra radicalmente opuesta.

Cualquiera entiende que el Secretario General, por la fuerza de los votos, se haya visto en la obligación de olvidarse de su moderna y progresista propuesta para limitar los mandatos. ¿Pero quien le ha obligado, al Secretario General, a acudir al mismo geriátrico de siempre para designar al mismo gobierno de siempre y a la misma Administración? Sin duda alguna, ese acudir, opera como un haz de luz que se proyecta sobre el tuétano mismo del poder y nos descubre su voluntad real e inequívoca de perpetuidad y continuismo.

Los cambios, aún respetando las denominadas inexorabilidades geológicas, eran posibles, pero no ha habido voluntad para acometerlos. El poder se ha dedicado a vender humo, para una vez asentado en el trono volver a designar a la misma jerarquía ya carcomida.

Por otra parte, la Propuesta presentada en el Congreso, por el Secretario General, debe considerarse al menos, hasta la fecha de designación del gobierno, como muestra clara de desconcentración de poder. Parecía que el Presidente estaba dispuesto a empezar a compartir el poder. De hecho la alternancia en el poder a la que él animaba, no es sino el mejor síntoma de que el Presidente, cuya aceptación ha decaído en comparación con el congreso anterior ( 85% frente a 92%), ha terminado aceptando que debía renunciar a mayores parcelas de poder.

Pero eso era lo que se decía antes y durante el Congreso. Los hechos posteriores han revelado una voluntad que opera en la línea diametralmente opuesta.

Si el Congreso le ha impedido la limitación del número de mandatos, porqué no ha adoptado otras medidas, al momento de designar el gobierno, que revelen su intención real de distribuir el poder y desconcentrarlo?

Veamos un ejemplo: el caso de la designación como ministra de la Sra. Jadiya Hamdi. Y, aquí, una aclaración: nadie pone en duda sus sobradas aptitudes. Nadie cuestiona que su capacidad es notoria. Nadie le resta méritos. Nadie discute que la Sra. Jadiya se desvive por y para su Causa y su pueblo. Pero esa no es la cuestión que preocupa. Es otra cosa. Son normas, no escritas en ninguna parte, que rigen desde hace milenios las que desaconsejan tan desafortunada decisión.

La sociedad traslada las normas del pudor y el recato, desde la esfera de lo civil y privado a la esfera de lo político y público. Y, entonces, desaprueba tal designación.

Además, la Sra. Jadiya, lo quiera ella admitir o no, pertenece a la clase política. La sociedad civil la identifica, más allá de lo que ella diga, con la clase políticamente dominante. Siendo la Primera Dama, sus sueños nocturnos se hacen realidad, nada más despuntar el alba. Todo cuanto pueda ofrecer, lo podría seguir haciendo quedándose como primera dama. De ahí que su designación al frente de una cartera ministerial no pueda considerarse como señal de renovación y cambio.

Si realmente, el Secretario General, no quería mayores parcelas de poder y animaba al cambio y a la limitación de mandatos, su admisión a la inclusión de la Sra. Jadiya en la lista de candidatos al CNS, primero, y su plácet, posterior, a su designación como ministra, operan en una dirección opuesta a esas apariencias. En contra de lo que dicen las apariencias, debemos concluir que la ‘Jaima’ de Abdelaziz concentra, hoy, más poder que ninguna otra ‘jaima’ en la historia del Sahara Occidental.

En cualquier caso, el desconocimiento que rodea la fuente inicial de su inclusión en la lista de candidatos al CNS y la resistencia de la pareja presidencial a reconocer públicamente el motivo de semejante osadía, unidos a su nombramiento final como ministra, recrean en la imaginación colectiva, el cuento de los ‘Ahel Teizegga’, que un buen día, en su ‘frig’, deciden acudir, envalentonados, a Mohamed Ahmed Aidda para exigirle que anule el tributo que le venían pagando. Pero nada más verlo, del susto, le saludan servicialmente y le comunican que han venido para anunciarle que, a partir de entonces, le iban a pagar el doble de lo que venían pagando por ese tributo.

En fin, una lectura del XII Congreso, como esta, no puede concluir sin aludir, siquiera brevemente, a determinadas escenografías del más avezado animal político del POLISARIO. Cuando en medio de la lluvia de críticas, cuando una y otra vez las intervenciones se dirigen como obuses incandescentes hacia el CNS saliente, cuando los aplausos más prolongados suceden a las intervenciones más virulentas, cuando todos ponen el dedo en la llaga. En ese mismo momento, pide el turno de palabra el Sr. Bachir Mustafa y representa una de las mayores funciones del cinismo y la bajeza moral. Dice, dirigiéndose a un auditorio fácil de engatusar por la oratoria y exquisitez del lenguaje ‘bidhaní’, que él reconoce que en los comportamientos individuales de la dirigencia ‘polisaria’, indudablemente, ha habido algo de arrimar el ascua a la sardina propia; luego desgrana, en plan perlas informativas, unas posesiones y los nombres de los donantes, y para ya granjearse el voto y la simpatía de los congresistas termina diciendo que él está dispuesto a devolver todas las posesiones, con la condición de que los demás, reconocidos por esos comportamientos individuales, hagan lo mismo.

Y yo digo, aquí, que esa es la mayor inmoralidad jamás cometida en la historia congresual del F. POLISARIO. Ciertamente, sabíamos que las fuentes de la moral siguen anidando en la sociedad civil, pero no sospechábamos que la clase política podía llegar a semejantes niveles de tolerancia y connivencia con la inmoralidad pública. Que un hombre de humilde cuna, reconozca públicamente cierta ilicitud en la forma de obtener su patrimonio, condicione su devolución, al erario público, a que los demás miembros del gremio, salpicados por análogas sospechas, hagan lo mismo, constituye, tal conducta, un grave deslizamiento hacia abajo de la Moral Pública y la Ética Política. Lo más doloroso de todo es que tal y como él quería, el público se había tomado semejante confesión como un acto de autocrítica digno de elogios y de votos. Y es ahí donde radica nuestra mayor desgracia: que la conducta cuyo autor debió ser enviado a la hoguera, fue elevado al altar de los ganadores de la primera vuelta.

Si este hombre, realmente, quiere hacer una crítica, no hace falta que diga lo que ha dicho. Si hubiera querido aparecer, ante los votantes, como un dirigente autocrítico y ejemplar, le habría bastado reconocer públicamente su error, pedir perdón y jurar solemnemente que devolverá, a la Hacienda Pública, todos los bienes cuya obtención raya en la ilicitud moral. De haber actuado así, habría hecho la mayor aportación a la Moralidad Pública en la historia del POLISARIO. Se habría llevado la palma en lo que a ejemplaridad y autocrítica se refiere y, a buen seguro, su popularidad habría despuntado. En el supuesto inverosímil de que hubiera actuado así, no sólo habría alcanzado el quinto puesto, sino que habría disputado por décimas el puesto de Secretario General a Mohamed Abdelaziz. ¿Pero que significa que él condicione semejante actitud a que los demás hagan lo propio? ¿Está invitando a los nuevos miembros del CNS y a los saharauis, en general, a obtener y agrandar sus patrimonios por medios ilícitos? ¿Les está diciendo: tranquilos, enriquézcanse ilícitamente que aquí no pasará nada? Porqué lo ha dicho, sino?.

Huneifa ibnu Abi Rabiaa, a 16 de Achur del año XXXIV de la fundación del Frente POLISARIO. ibnuabirabiaa@yahoo(punto)es
24.01.08
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4 comentarios:

Anónimo dijo...

Compatriota Huneifa.
Soy un asiduo lector de tus articulos. El actual, me da la impresion que lo has meditado bastante y por ello puede considerarse como una reparacion a los pequeños -y en cieto modo comprensibles-desaciertos que han marcado ultimamente algunos de tus comentarios. Es un articulo centrado,equidistante, respetuoso y sobretodo busca a crear un debate sano y sereno para despejar algunas incognitas de la politica saharaui.
Sobre el caso de la Ministra de Cultura y miembro del SN, quiero añadir que es lo peor que le ha podido ocurrir al Polisario.No quiero ser pesimista, pero creo que en un futuro no muy lejano, sera la manzana de discordia que provocará graves e irremediables escisiones dentro del Polisario.La persona en cuestion no deberia haberse presentado a ninguno de los cargos.
Para terminar quiero subrayar que muchas veces el grado de compromiso de un individuo con una causa determinada se mide tambien por la capacidad de dominar su ambicion personal y facilitar asi el modus vivendi. La modestia asumida en su momento es una virtud, mientras que la ambicion ciega y el egoiismo pueden conducir a la catastrofe.

EX-militante de F. Polisario dijo...

Como dice el refran español:" uno es de donde pace, no de donde nace" y la mayoria de estos "animales" que nos dirigen nacieron y se criaron bajo el regimen marroqui,son alumnos aventajados en el manejo de todo tipo de artimañas, corruptelas politicas y sociales. Si se comportan asi en el exilio ¿ que podemos esperar de ellos en una hipotetica independencia?. Admitamoslo! aún no estamos preparados como pueblo para la independencia, si lo estuvieramos , semejantes personajillos, no tendrian cabida en los cargos de resposabilidad. Pongamos pues nuestro empeño, en madurar y asumir nuestras responasbilidades de ciudadania.
Nuestro silencio e indiferencia hacia lo que esta ocurriendo nos hace complices.
Estamos necesitados de una oposicion constructiva y eficaz para ir construyendo un estado de derecho. sino, la RASD seguira siendo lo que es :el chiringuito de M.abdelaziz y su sequito.

CIUDADANO SAHRAUI dijo...

Viendo el comportamiento de nuestros dirgentes,sinto rabia e impotencia.Estan tirando por la borda los logros de todo un pueblo, conseguidos a base de las vidas y los sacrificios de sahrauis idealistas que jamas pensamos que esto nos pudira suceder a nosotros.
Como se puede llegar a semejante descaro y falta de etica, teniendo al lado a las viudas, los huerfanos´, los mutilados de guerra,sin olvidar los que sufren diariamente la violencia y humillación del ocupante, ¡Hay que tener estomago para cruzarse s con semejantes personajes y no bomitarle en la cara.
lo que esta ocurriendo es grave,muy, pero que muy grave!
¿Hasta cuando permaneceremos cruzados de brazos?.
Prefiero el exilio, e incluso la ocupacion a ser gobernado por una pandilla de buitres como estos.Del enemigo te lo espras, pero cuando la injusticia es de tu propia gente, se sufre como doblemente injusta.
LAMENTABLE, SR. BACHIR MUSTAFA.
SAYED. NO HAY JUSTIFICACIÖN POSIBLE

Anónimo dijo...

Brillante, Huneifa, brillante. Ojalá el resto de foreros aprenden a escribir igual.
Saludos.