9.5.13

Homenaje póstumo a un amigo

por Mahayub Labaihat

Hace aproximadamente un año que falleció Mohamed Lagdaf uld Sidahmed uld Aglamanhum, uno de mis mejores amigo, del que no puede despedirme en su momento, y hoy quisiera hacerlo, dedicándole estas palabras.
A Mohamed Lagdaf la vida le reservaba una dura experiencia, que tuvo que saborear a una edad muy temprana, era casi un niño, cuando tuvo que dejar a sus padres, a su familia, a sus amigos, a su tierra natal (Sahara Occidental), para instalarse en Las Islas Canarias, en concreto en Las Palmas de Gran Canarias, por culpa de una inyección mal puesta por uno de aquellos poco sofisticados, pero bien intencionados practicantes (hoy enfermeros), que le marco para siempre. Esta fatal inyección le llevo a crecer bajo la tutela de una Orden Religiosa, a la que le confió su padre con todo el dolor de su corazón, este militar de pura cepa, hombre de palabra, que no dudo en buscar lo mejor para su hijo ante la imposibilidad de su curación en el Sahara Occidental, sin importarle el coste económico que eso su ponía, solo puso una condición, que su hijo conservase su creencia religiosa.
En esa dura etapa, aprendió temprano a valerse por sí mismo, mientras nosotros disfrutábamos saboreando nuestros dulces años de infancia-adolescencia que pronto se verían truncados por la horrorosa y salvaje invasión del colonialismo de baja calaña marroquí. Durante esos años tomo conciencia de que él se debía a su pueblo oprimido, lo cual le llevo a abandonar una carrera brillante, prometedora y llena de comodidades, para abrazar la causa de su pueblo pensando siempre en el bien general.
Mohamed Lagdaf era culto, humilde, sencillo, honesto, tolerante, inteligente, abnegado, ... y quizás unas de sus mejores virtudes eran la paciencia y el saber escuchar, cualidades aprendidas en los internados de la Orden, de la que guardaba un buen recuerdo, estas cualidades le servirían más tarde en su etapa de maestro. Fue siempre fiel a sus ideas nunca dudo un ápice del camino elegido, era todo conciencia, siempre decía “no hay nada más duro que ver a tu pueblo humillado, ninguneado, usurpado, vejado... por un país miserable y de baja talla moral”.
No quisiera terminar esta despedida, sin mencionar el reciente fallecimiento de una buena persona, Ahmed uld Mohamed uld Nass, enterrado en tierras extrañas (Fuengirola-Málaga-España), en contra de su última voluntad y la voluntad de su familia. Una vez más queda patente la crueldad y la inhumanidad del invasor marroquí, negando el derecho de entierro a un oriundo en su propia tierra.
Para terminar, tanto Mohamed Lagdaf, como Ahmed, como Mahayub Lajlifa Moisa al que dedique unas palabras en su momento (Adiós Amigo) se despidieron de esta vida para siempre con la cabeza bien alta, que Dios los acoja en su seno.

Mahayub Labaihat (M.L.)
ml_aaiun[at]yahoo.es
09.05.13

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