14.11.10

EL VERDUGO

por Jorge Bofill Moscardó

El sábado pasado se produjo la coincidencia de dos acontecimientos que a primera vista pudieran parecer inconexos, pero que desde mi óptica encierran una fuerte relación simbólica.De esas que el destino nos obsequia a menudo para que quien quiera “ver” extraiga consecuencias.
Por un lado una muestra necesaria de la dignidad que, aunque poca, aún queda en el pueblo español expresada en la Manifestación que aunó en Madrid a una multitudinaria representación de los pueblos saharaui y español, algunos políticos, sindicalistas y artistas, en repulsa del más que presunto genocidio que se viene oficiando contra el pueblo saharaui por las fuerzas de ocupación marroquíes.Todos en general pero los artistas en mayor grado por su proximidad profesional, conocieron con pesar la muerte de J.L.García Berlanga.Este cineasta realizó en sus películas, con triste ironía,una recreación de las contradicciones de la España franquista y postfranquista,y añado que a la luz de los hechos que nos conmueven en estos momentos, ese análisis del director vale para el postmodernismo decadente que transitamos actualmente.
Entre todas las películas de Berlanga, hay una que en opinión de muchos es de las mejores obras, no sólo de su autor sino también del cine español.Se trata de “El Verdugo” .Film de magistrales guión y dirección con un reparto que incrementa todavía más su calidad, elevándola al nivel de obra maestra.
Relata la historia de un verdugo de la Audiencia de Madrid, a quien el patronato va a conceder un piso por su condición de funcionario, pero lo pierde porque en el momento de la entrega ya estará jubilado. Éste y su hija, engatusan a un joven para aceptar el cargo de verdugo y conservar la vivienda, asegurándole que no tendrá que matar a nadie. Cuando llega una orden de ejecución, nuevamente padre e hija lo lían para que espere al último momento, pues el reo está enfermo y lo mismo se muere él solo. Finalmente, en una escena memorable, el joven es llevado a rastras al garrote vil como si fuese el condenado y no el verdugo.
Muchos años después, observamos en el escenario patrio una trágica rememoración de esta obra, no se trata de ficción sino de realidad.. Acorde a los tiempos, ha cambiado el “look”,la sordidez se transformó en “glamour”, pero lo esencial permanece intacto. Un personaje ambiguo y falso, en una jubilación que parece no llegar, para nuestra desgracia. Una presencia “angelical”, que trata de convencernos de que el reo inocente,Pueblo Saharaui, debe concluitr su sufrimiento de más de 35 años, con su inmolación final, en aras de unos intereses nuestros que ahoguen nuestra mejor conciencia de seres humanos . ¡Extrema bajeza moral¡ .Mientras, el otro, el que oficiará de verdugo, remolón, cainita, enfundado en su chándal, haciendo footing durante una cumbre donde supuestamente se está jugando el futuro de millones de familias,Al lado mujeres, niños,ancianos, jóvenes…, son arrasados por la brutalidad.La tragicomedia de ficción trocada en dramática realidad. Va a hacer falta más que un enjuague de manos para limpiar la sangre inocente derramada.
El conflicto que envuelve al Pueblo Saharaui y que nos implica, querámoslo o no, a todos los españoles, lo suponían quiste necrosado en el corpus que es España. .La punción ha mostrado por el contrario que es un tumor maligno en plena actividad. Todavía desconocemos el alcance de su metástasis.

Jorge Bofill Moscardó
14.11.10

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